La han amenazado con lanzarle ácido en la cara pero ella no se deja amedrentar. Es que Joumana Haddad escribe sobre las árabes víctimas y también libertarias.
30-4-2011
EL MERCURIO | DANIELA MOHOR W.
Hace tres años, en 2008, a Joumana Haddad -libanesa, periodista, escritora y libre pensadora- la amenazaron con lanzarle ácido en la cara. Y durante varias semanas, esta mujer árabe -de formación cristiana, madre de dos niños, que los medios internacionales han llamado «la Oprah del Líbano» o «la Carrie Bradshaw de Beirut» porque habla sin tapujos de sexo, escribe poesías eróticas y se rebela contra el fundamentalismo religioso y la situación de la mujer en el Medio Oriente- tuvo pesadillas aterradoras, dejó de manejar su auto convencida de que la seguían y hasta pasó un tiempo sin salir de su casa.
¿Su crimen? Haber creado una revista llamada Jasad, que significa cuerpo en árabe y que reflexiona precisamente sobre el cuerpo desde distintos puntos de vista. Suficiente para que los sectores más conservadores la acusaran de hacer pornografía. Una definición que Joumana Haddad rechaza. «Es una revista cultural de literatura, arte, cine, pero con temas relacionados con el cuerpo en todas sus formas, no sólo sexual y erótica, sino también antropológica, sociológica», explica desde Beirut en castellano, uno de los seis idiomas que domina.
Las amenazas no tuvieron efectos sobre esta escritora, que lleva años trabajando como editora de la página cultural de An-Nahar, uno de los principales diarios libaneses y quien dice ser curiosa, rebelde y perceptiva desde la infancia. Jasad se publica trimestralmente, los artículos los escriben colaboradores de toda la región y la revista se vende en los quioscos del Líbano y a través de un sistema de suscripción en el resto del mundo árabe. Se imprimen entre cuatro y cinco mil copias de cada edición.
En 2010, Joumana lanzó además, en inglés, Yo maté a Sherezade, confesiones de una mujer árabe furiosa, un manifiesto que ya ha sido traducido a numerosos idiomas (en español está editado bajo el sello Debate). El libro es una plegaria rabiosa por la individualidad, por el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, por la dignidad de las mujeres; es también una crítica acérrima al extremismo religioso en todas sus formas y a la pasividad frente a la propia condición. Es, por sobre todo, un intento por dar una imagen más justa de la mujer árabe hoy en día. «Siempre hay una imagen estereotipada de la mujer árabe como víctima, como mujer oprimida. Claro, esa imagen es correcta, existe, pero hay también otra mujer que merece atención porque es libre, es valiente y está haciendo muchas cosas para luchar por sí misma y las demás», dice Joumana.
La escritora, que incursiona por primera vez en el ensayo después de publicar recuentos de poesía y narrativa, comenzó escribiendo comentarios acerca de la percepción tradicional que tiene Occidente sobre la mujer árabe. Y fue justamente mientras buscaba rescatar a la que se ve menos, a la más rebelde y activa, que se percató de que también tendría que hablar de las que se resignan a su condición. «Muchas veces, la mujer árabe no se atreve a dar pelea. Por eso, el libro se transformó en un doble asesinato: el asesinato de la imagen exótica o victimizada y el asesinato de esa Sherezade misma, esa árabe que sigue negociando sus derechos básicos, que sigue con compromisos y no hace, en mi opinión, lo suficiente para cambiar su situación».
Literatura y libertad. Joumana Haddad tenía cuatro años cuando comenzó la guerra civil en el Líbano. En su libro recuerda con precisión el 13 de abril de 1975, el «Domingo Negro», en que se escucharon los primeros disparos y explosiones. Recuerda también lo devastador que fue crecer con el miedo, el espectáculo de la violencia, el encierro, la angustia. En ese contexto, la lectura se convirtió rápidamente en un refugio. «Leer me gustaba por diversos motivos: leía para respirar; para vivir (mi vida y la de otros); para viajar a otros lugares; para escapar de la realidad brutal; para silenciar las explosiones de la guerra; para no oír los gritos de mis padres, ni sus discusiones y sufrimientos; para satisfacer mi avidez; para hacer acopio de fuerzas (…) Y leía, sobre todo, para cumplir la promesa que me hice a mí misma de que un día mi vida sería diferente», escribe en Yo maté a Sherezade.
Esas lecturas siempre fueron transgresoras. A una edad muy precoz ya había leído a Balzac, Gibran, Dostoievski o Salinger. A los 12 encontró en la repisa superior de la biblioteca un libro que cambiaría su vida: Justine o los infortunios de la virtud, del Marqués de Sade. Con él, Joumana no sólo descubrió el erotismo, sino que se abrió a un mundo desconocido.
En la literatura encontró la fuerza para sublevarse contra las imposiciones de la estricta educación católica que recibió. También escribía, y lo hacía con libertad. La misma con la que hoy expresa su rabia en Yo maté a Sherezade.
-¿Por qué está tan furiosa?
-Hay muchas razones en este mundo para estar furiosa. No puedes tener ojos, orejas, un cerebro y un corazón sin estar siempre furiosa, porque hay muchas cosas que te pueden indignar. Por ejemplo, la hipocresía del mundo árabe, la esquizofrenia, esa incapacidad de estar a la altura de lo que deseas y que hace que digas «quiero esto», pero no hagas nada para conseguirlo. Y también la expansión del extremismo religioso en el mundo y cómo está influyendo cada día más en la situación de las mujeres aquí. Me indignan los dobles estándares que veo cada día. Hay toda una corrupción que yo describo como existencial. Es no tener el valor de vivir o de decir lo que piensas y hacerlo en secreto. Es aceptar para ti lo que no aceptas para el otro. Es todo ese círculo vicioso de la hipocresía.
La prioridad de las mujeres. Joumana se educó en un colegio de monjas y era una niña aparentemente tranquila. Pero es poco lo que rescata de esa educación. En entrevistas ha contado que se casó virgen a los 19 años, pero hoy, a los 40, reconoce avergonzarse de eso. Es madre de dos hijos que tuvo con hombres distintos y está casada por segunda vez con un escritor dos décadas mayor que ella, con el que no convive. Porque si hay algo que no hace es acatar las normas sociales.
-Habla de la hipocresía del mundo árabe. En el caso de las mujeres, ¿no hay miedo?
-Se utiliza el miedo como una justificación para todo, pero a mí no me convence. Yo entiendo el miedo de la mujer que puede ser asesinada si no complace con lo que le dicen debe hacer. Pero no todas están en esa situación. Muchas no enfrentan ese riesgo pero se acomodan a su situación y aceptan el estado de víctima porque es más fácil lamentarse que luchar.
-¿No siente que ha habido avances para las mujeres árabes? Se habló mucho de su presencia en las revueltas…
-No veo ningún progreso. Todos vimos a mujeres en las manifestaciones en Túnez y en Egipto, pero después desaparecieron. Su presencia fue utilizada. Ellas no se encuentran participando en la formación de los nuevos regímenes que se están estableciendo en esos países. Claro, antes había dictaduras horribles, pero no sé si de verdad lo que va a venir será mucho mejor. Lo que sí creo es que las mujeres tienen que aprovechar esta oportunidad histórica para luchar por sus propios derechos.
En ese sentido, Joumana aplaude la iniciativa del gobierno francés de prohibir el uso del velo en su país. «Me parece una decisión lógica y muy necesaria. Personalmente rechazo el velo como instrumento de anulación de la mujer», dice.
-¿Qué quiere usted exactamente para la mujer árabe?
-Quisiera que se enterara de que está siendo utilizada, de que a veces su estado de opresión es también el resultado de su pasividad. Quisiera que se pregunte por qué tiene que ser controlada, por qué tiene que ser ella quien lleve los símbolos de las tradiciones, como el jihab y el burka, y no el hombre. Me gustaría que estuviera indignada por no tener los mismos derechos. Quiero que pase de la inactividad o el lamento a la acción y pienso que todo empieza en la fe que ella tiene en sí misma. Tiene que creer en su poder, en sus derechos, en la capacidad de elección como un derecho básico.
La furia de una mujer árabe
02/May/2011
El País, Domingos, Daniela Mohor